La startup galesa Space Forge ha sido protagonista en junio de un hito espacial: el lanzamiento exitoso del satélite ForgeStar‑1, el primero del Reino Unido destinado a producir materiales tecnológicos en órbita.
Primero aclaremos que hace Space Forge y por qué importa
- Produce chips en microgravedad, aprovechando condiciones únicas: vacío casi perfecto, temperaturas extremas y ausencia de gravedad, lo que permite cristales diez veces más puros y con centésimas partes de defectos que en la Tierra.
- El objetivo: fabricar semiconductores de alta gama, útiles para centros de datos de IA, computación cuántica, telecomunicaciones y defensa.
- El modelo de negocio es “microgravity-as-a-service”, donde otros pueden acceder a su plataforma orbital ForgeStar para producir sus propios materiales.
La guerra por los semiconductores está más encendida que nunca, pero una pequeña empresa en Gales está pensando muy por fuera de la caja… literalmente. Mientras las potencias mundiales se pelean por el control de fábricas en Taiwán y China, Space Forge, una startup con sede en Cardiff, quiere llevar la fabricación de chips a un lugar donde la política no los alcance: el espacio. 🛰️
Y aunque suena a ciencia ficción, ya están dando pasos bastante sólidos (y orbitales) para lograrlo.
🌍 ¿Por qué fabricar chips fuera de la Tierra?
En la Tierra, factores como la gravedad y la atmósfera provocan microdefectos en los cristales que se usan como base para los semiconductores. En cambio, en el espacio hay algo que aquí no tenemos: microgravedad y vacío absoluto, lo que permite formar materiales ultrapuros. Eso significa menos errores, más rendimiento y chips mucho más eficientes energéticamente.
Sí, más calidad y menos desperdicio. Ideal para el futuro de la computación cuántica, IA y cualquier tecnología puntera que se te ocurra.
🛰️ ForgeStar-1: el primer paso ya está en órbita
En junio de 2025, Space Forge lanzó con éxito ForgeStar-1, su primer satélite de fabricación espacial, a bordo de un cohete de SpaceX. Es la primera nave espacial británica diseñada para producir materiales avanzados en microgravedad, y su misión es clara: demostrar que se pueden crear chips más puros y potentes sin tocar el suelo terrestre.
Y si te estás preguntando si esto es solo una idea loca de laboratorio… pues la OTAN no lo cree así.
💰 La OTAN y los millones que ya respaldan esta locura
La startup ya levantó 30 millones de dólares en su ronda de financiación Serie A, nada menos que la más grande para una empresa de tecnología espacial en Reino Unido. Pero lo que más llama la atención es quién puso el dinero sobre la mesa: el NIF, el Fondo de Innovación de la OTAN.
¿La razón? La organización ve en Space Forge una oportunidad para asegurar cadenas de suministro más resistentes, independientes y menos vulnerables al caos geopolítico que rodea al mercado de los semiconductores.
🧬 El modelo: microgravedad como servicio (sí, como Netflix… pero de fábricas espaciales)
La idea de Space Forge no es vender chips, sino algo más ambicioso: alquilar espacio en sus fábricas orbitales. Piensa en esto como un modelo de “microgravedad-as-a-service”, donde empresas de todo el mundo podrían producir sus propios materiales avanzados —no solo chips, sino también aleaciones metálicas imposibles en la Tierra o incluso avances farmacéuticos que mejoren la vida útil de los medicamentos.
⚡ El impacto: menos defectos, más poder, y el comienzo de una nueva era
La clave está en lo que llaman «semillas de cristal», que en el espacio podrían ser hasta 10 veces más puras que las que se logran aquí abajo. Esto abre la puerta a semiconductores con una centésima parte de los errores actuales, lo cual se traduce en dispositivos más rápidos, eficientes y duraderos.
Además, todo esto podría jugar un papel clave en el futuro de tecnologías como la computación cuántica, la inteligencia artificial, la defensa, la medicina, la energía limpia y mucho más.
🧠 Entonces… ¿ya nos vamos todos al espacio?
No tan rápido. Aunque ForgeStar-1 ya está ahí fuera haciendo pruebas, todavía queda un camino largo para que los chips espaciales sean una realidad cotidiana. Pero con el desarrollo del ForgeStar-2 en marcha, más inversión sobre la mesa y la atención de gigantes como la OTAN, todo apunta a que el futuro de la tecnología podría estar más cerca de las estrellas que nunca.
Y tú, ¿te imaginas que el próximo gran procesador de tu consola, tu teléfono o incluso tu implante neuronal (guiño a Neuralink) haya sido creado en la órbita baja de la Tierra?